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Animal Crossing y el placer de la rutina

Hablemos del calorcito de Animal Crossing y lo importante que es la tranquilidad mental en nuestro día a día.

Muchas veces oímos eso de que tenemos que romper con la rutina, salir de nuestra zona de confort, vivir nuevas experiencias… Ese tipo de cosas. Pero lo que no tienen en cuenta es que se está muy a gustito en la rutina. Los gatos bien que lo saben, ya que si te atreves a cambiar un cojín de sitio puedes arruinarles el día. En todo caso, la moraleja del asunto siempre es la misma, cada cosa a su tiempo. No hace falta ser extremistas, pero tampoco nos pasemos de cómodos. Y en esa segunda categoría, la comodidad, la saga Animal Crossing es maestra inigualable. Así que, permitidme que en esta ocasión hable un poco sobre la pureza que pone las bases de todos los juegos de Animal Crossing.

Los viajeros temporales, la gente que cambia la fecha de la consola, o aquellos que crean mercados enteros para vender sus muebles y recetas más o menos han existido desde el inicio de la saga. Antes no había webs enteras dedicadas al comercio de objetos o a la compraventa de nabos, claro está, pero algo parecido sucedía con los compañeros de clase, de trabajo o amigos. Puede que, dicho esto, esperéis que niegue la validez de esta forma de jugar. No ¿A quien le importa lo más mínimo lo que hagan otros con un videojuego? A mi por lo menos no. Jugad como os de la gana, en serio. Ahora bien, algo muy diferente es cómo se diseñó el videojuego en un principio. Animal Crossing siempre se ha distinguido del resto de simuladores porque no tiene mayores pretensiones que darte la tranquilidad de la repetició, de lo esperable y, evidentemente, de la pura rutina. En general, no quiere ponerte metas u objetivos, es lo que algunos describirían como «un juego en el que no hay nada que hacer» ¿Cómo que no? Bien que voy a mi pueblo/isla a dar un paseo por las mañanas. Hablo con mis convecinos y busco esas ansiadas obras de arte de Ladino. La belleza de Animal Crossing reside en este espíritu tan arraigado a las bases de su propuesta. Libre de frustraciones u obligaciones, solo riega las plantas si te apetece. Es algo mágico en tanto que va en dirección opuesta al diseño del 99% de los videojuegos. Puede que con los años se haya ido transformando un poco, como con la inclusión de las millas nook y los objetivos diarios en New Horizons. Y aún así, sigue manteniendo esa pureza, si así lo desea el jugador. Muchos comparan esta saga con videojuegos similares como Stardew Valley o Harvest Moon/Story of Seasons, sin embargo no he catado nada similar en todos mis años de jugador. Es único en su especie y un lugar seguro al que siempre puedes volver.

Con la explosión de New Horizons y sus ventas de escándalo, hay muchos que le piden más al juego. Más objetos, más actualizaciones, más personajes… Y aunque ni mucho menos me quejaría si esas cosas continúan llegado, no creo que le haga ninguna falta. Y es que incluso en el primer Animal Crossing de Gamecube (el primero en occidente), con mucho menos de lo que tenemos ahora, ya había suficiente para ofrecer esta experiencia sin igual. La rutina suele tener connotaciones negativas, como el hecho de que vayamos a trabajar cada día y que tu vida sea un ciclo de aburrimiento y desesperación. No obstante, también tiene un reverso positivo en la serenidad que nos ofrece. New horizons va más allà que otras entregas dándonos además la satisfacción de levantar el pueblo desde zero. Poco a poco y con pequeños retoques diarios pasamos de tener una isla desierta con un par de tiendas de campaña a crear una comunidad, un pueblo.

Si bajo el yugo de las redes sociales os habéis visto presionados a tener una isla de escaparate lo más rápido posible, respirad hondo y probad esta experiencia alternativa.

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